Reciente

Mostrando entradas con la etiqueta Propiedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Propiedad. Mostrar todas las entradas

En medio de la dictadura del General Gómez, se fundamenta una historia. Entre torturas, gritos, fusiles, trabajos forzosos y cierre de universidades para subyugar estudiantes, nace una idea. Se funda, bajo la sociedad del Dr. Rafael Zubillaga y el Sr. J. J. López Morandi, la Farmacia Lara, en la ciudad de Barquisimeto, dedicada a la venta al mayor y detal. Desde entonces ha sobrevivido la muerte de Gómez, la posterior dictadura de Marcos Pérez Jiménez, la crisis económica de 1983, la crisis social de 1989 y, en la actualidad, la crisis que vivimos desde 1999.

Esa pequeña farmacia, fundada en 1919, ha atravesado cambios hasta convertirse en lo que es hoy. En 1955 pasó a llamarse Droguería Lara. Luego, en 1988, cambia nuevamente su nombre, por el que hoy conocemos muy bien, y es llamada Farmatodo, expandiéndose a varias regiones del país.

Esta empresa ha dejado en evidencia la capacidad que posee para atravesar las innumerables situaciones que puedan abalanzarse en la realidad del mercado, adaptándose a cambios presentes para poder subsistir bajo la competitividad con otras farmacias del país. Ha crecido hasta exportar su idea a países vecinos.


Hoy atacan su devenir, pero sigue en vigencia su apuesta por el mercado nacional e internacional.


¿Para qué estudiar si en la economía informal gano más?

Esta interrogante es el claro reflejo del pensamiento predominante de la población, donde la adquisición de conocimientos y el trabajo parecen estar a años luz de distancia. Y es que, ¿quién no ha escuchado alguna vez esta premisa? Hemos sido víctimas de la desmotivación, generada por las pocas oportunidades de empleo en el área que desempeñamos, en contraposición con el afianzamiento del mercado informal. Romper los esquemas impuestos por las cadenas de las creencias sociales y superar los objetivos propuestos, a fin de buscar la mejoría de vida. En eso se basa el esfuerzo, y el valor recibido a cambio, en grado proporcional, es el resultado de la meritocracia.

Fluir en dirección a la corriente no te hace merecedor de la recompensa que cosechará el que ha nadado contra ella para llegar a la orilla. Capacitarnos para hacer frente a las necesidades del país es una proeza que será recompensada con el crecimiento personal, para luego, al lograr superar la crisis, reflejarse de igual forma en nuestras billeteras. El camino fácil no es el camino al éxito, este requiere trabajo y dedicación.



Debido a la crisis se ha acrecentado la economía informal, muchas personas han dejado su trabajo para ir a vender aquello que se tardan horas de colas en conseguir. Pero, ¿qué sucederá con estas personas cuando se acabe la crisis?, ¿seguirá siendo tan necesaria su labor?, ¿o, por el contrario, serían más útiles en el puesto de trabajo que prefirieron abandonar? Estas son las preguntas que debemos hacernos al momento de tomar una decisión de esta magnitud, al final, todas las crisis son pasajeras, ninguna se arraiga lo suficiente para perdurar en la eternidad.

Entonces, cuando te plantees cualquiera de estas posibilidades, piensa en el futuro más allá de las condiciones presentes, pues así como ha cambiado nuestro pasado y se ha presentado ante nosotras esta actualidad, cambiará nuestra actualidad para convertirse en un futuro donde seremos, o no, partícipes de desarrollo. La opción está en nuestras manos y las capacidades se hacen visibles. Desertar antes de luchar un round te dejará el sabor amargo del ¿qué hubiese pasado si…?

La meritocracia se encuentra en terapia intensiva y su tratamiento ha constado de suero para tratar de burlar su dolencia. ¿Le empezaremos a proveer la medicina que verdaderamente requiere?



Popularmente se considera que las empresas privadas son las culpable de todos los males, que ellas no tienen trabajadores sino esclavos, que roban a todos y son un daño a la sociedad ¿Qué tan ciertas son estas consideraciones? Pues, resulta que la realidad de lo que realizan las empresas privadas es muy relevante para lograr un acorde crecimiento de las naciones, pudiendo cubrir las necesidades básicas de la población, porque intervienen tanto en el aspecto económico como social.

Es una enorme mentira la tenencia de esclavos, si no nos agrada un trabajo, renunciamos o no lo aceptamos, existe la opción de decidir, nadie nos puede obligar a realizar lo que no queremos. Hace muchos años que se abolió la esclavitud en Venezuela y actualmente existe una cantidad muy reducida de países donde esto no haya sucedido. Aquello de robar tampoco es cierto, si no nos agrada un precio de algún objeto o servicio, podemos decidir no adquirirlo y continuar en la búsqueda del precio que más nos convengan. Entre más empresas existan esto se puede emplear de mejor manera y obtener lo que se desea.

Estas organizaciones están formada por personas y para personas. Está insertada en la sociedad a la que sirve y no puede permanecer ajena a ella. La sociedad le proporciona la paz y el orden garantizados por la ley y el poder público; la fuerza de trabajo y el mercado de consumidores; la educación de sus obreros, técnicos y directivos; los medios de comunicación y la llamada infraestructura económica. La empresa recibe mucho de la sociedad y existe entre ambas una interdependencia inevitable.

Reflexionemos un instante, los países con mejor calidad de vida y poder adquisitivo son los que poseen en su haber diversas instituciones que ofrecen diferentes bienes y servicios. La competencia hace que presten atención a sus consumidores, colocándole un especial énfasis a la calidad. A parte, el hecho de que existan muchas empresas ofreciendo lo mismo trae la terrible consecuencia de bajar los precios al consumidor.

Este terrible ogro sólo quiere obtener beneficios de su trabajo ¿Quién no lo desea?

El mito de que las empresas son lo peor que le puede pasar a una Nación debió ser creado por un resentido que no logró construir ninguna, que envidiaba la propiedad de los otros, pero que en realidad sólo quería tenerlas. Esto está basado en unos cuantos siglos atrás, donde se podía realizar lo que se quisiera pasando por encima de los demás. Entonces, quienes apoyan la historia viven en una época pasada. Es válido actualizarse. 



Hace un año llegó a mí la historia de un país hermano y de las maniobras que pueden generarse en la terrible posición de una crisis que arrasó con la identidad de una nación. Hablo de Perú, una tierra de tradiciones y de posibilidades, donde, en 1988, la pasión por las creencias era un arma de doble filo. Para entonces, las trincheras se alzaban bajo la algarabía de una lucha armada fundada por grupos terroristas, cuyo fervor por los ideales comunistas había iniciado una ola de combate que desencadenó cerca de 70 mil muertes entre todas las ciudades. Además, el descontrol del gasto fiscal, que se derivó en una hiperinflación de hasta un 7.649%, acrecentó la obra maestra de la adicción al poder, esa gran diferencia entre la justicia y la venganza. Fue entonces cuando Sendero Luminoso, el grupo terrorista de mayor envergadura, tomó grandes ciudades, entre ellas Ayacucho.

Allí, en esa ciudad y en esa época, sin acceso al capital, sin acceso a la gran banca y sin acceso a la ayuda exterior o las ONG de izquierda, nace una idea, en el seno de una familia como cualquier otra, como la tuya o la mía. Esa familia, liderada por los hermanos Añaños, observó que las acciones de Sendero Luminoso habían privado a los ciudadanos de adquirir bebidas gaseosas, por lo que diseñaron la forma de brindar un producto sustituto, que terminó por convertirse en una gran trasnacional, conocida por nosotros como Big Cola.

Debido a las secuelas de la lucha armada, el acceso a otros productos era restringido, por lo que Big Cola, que nació bajo el nombre original de Kola Real, inicio su producción en envases reciclados de botellas de vidrio provenientes de la fabricación de cervezas. Fue el primer paso hacia un gran desarrollo, fue la toma de una oportunidad que surgió en aquella crisis.

Hoy la organización sigue diversificando su producción, lanzando permanentemente nuevas marcas que van logrando importantes participaciones. Así, manteniendo la misma filosofía de sus inicios, hoy se presentan ante el mundo entero como AG, una organización de ideales audaces, que se atreve a competir en los más exigentes mercados, siendo un auténtico modelo de eficiencia, con el gran compromiso de brindar bienestar a las personas.
 

Ahora, ¿qué nos detiene a realizar lo que por tanto tiempo nos hemos cohibido de hacer? Las condiciones están dadas, la crisis pasará, ¿seremos capaces de ver la gran oportunidad?