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En los últimos días se han suscitado eventos previsibles sobre los efectos de las, tan criticadas y apoyadas, huelgas de hambre. “Los resultados esperados fueron otorgados gracias al sacrificio de aquellos individuos que se unieron a tal causa”, es el argumento más visible entre los que, por críticas o por mandato, han publicado al respecto. Lo cierto es que, como se mencionó, era previsible lo que ocurriría. ¿Por qué? Preguntarán, seguramente, algunos.

Las condiciones por las que se empezó a gestar este movimiento fueron explicadas en un vídeo bastante llamativo del actual líder opositor, esa figura que se cambia a conveniencia, pues el que “sacrifica” más es quien tiene el placer de ocupar el trono. La primera condición, en la que se hizo más hincapié, fue en el anuncio de fechas para elecciones, la segunda fue la liberación de los presos políticos y la tercera la petición de observadores internacionales. Me permitiré pasearme por cada una de estas condiciones y mostrar mis acuerdos y desacuerdos con las peticiones y métodos.

Fecha de elecciones

¡Bravo! Tibisay Lucena ha anunciado, finalmente, que las elecciones son el 6 de diciembre. Mis felicitaciones a todos aquellos que creyeron estar luchando por esta noble causa. Ahora bien, ¿realmente había necesidad de pasar por tanto desgaste físico para pedir algo que, al final, sería otorgado sin tanta cobertura mediática?

Cuando miramos en retrospectiva, podemos observar que uno de los campos donde mejor se desempeña el chavismo es en tretas electorales. ¿Por qué? Porque tienen controlados todas las instituciones que tienen como objetivo garantizar la veracidad de los resultados. Así que, en materia de elecciones, ellos son los más interesados en llevarnos a esta maravillosa contienda.

El año pasado se dejó en evidencia que estos señores (los chavistas) son capaces de cometer cualquier crimen, ante cualquier cámara, con la finalidad de perpetuarse en el poder. Lo cual ratifican cada vez que hablan, con esos anuncios tan pacíficos de lanzarse a las calles para preservar el legado de su comandante supremo, ese legado que no ha sido más que miseria (económica y social).

Entonces han vendido el anuncio de la fecha electoral como un logro de su gran líder (si les resulta conocido el método de utilizar logros en pro de campañas hacia un sujeto, no se preocupen, es pura coincidencia).











Al final, cuando llegue el momento, se dejará nuevamente en evidencia que a este estatismo tan arraigado no es sencillo ganarle en su campo de batalla. Para ello se necesita mucho más que instituciones que se benefician de él.

Liberación de presos políticos

Cuando la señora Lucena anuncia la fecha y las huelgas de hambre empezaron a suspenderse, entonces la crítica se hizo presente y surgieron preguntas como ¿la huelga no era también por la liberación de los presos políticos? ¡Pum! Como por arte de magia liberaron a Gerardo Resplandor y a Douglas Morillo, por lo que las críticas se vuelven a acallar. “Listo, lo logramos”, dirán algunos.

Otro logro más del líder, ese que nos salvará a todos.

Celebramos la liberación de estos chicos, pues las razones que los llevaron a estar tras las rejas no son las correctas para nadie, no existe crimen en expresar nuestro acuerdo o desacuerdo con un “gobierno”.

Observadores internacionales

En todos (o la mayoría) de los procesos electorales se hacen presente observadores internacionales, no es ninguna novedad esta petición. Pedir que la OEA, ese organismo que ha hecho la vista a un lado ante tantas injusticias y violaciones de derechos fundamentales de cada individuo, sea uno de los que apoyen este proceso es como pedir que se apague un incendio con gasolina. La OEA se adapta a los intereses de quienes la componen, por tanto se adaptan a las peticiones de estos populistas latinoamericanos.

UNASUR, ese organismo que se creó como el pacto suramericano más grande de nuestros tiempos, cuando el gran ejecutor de este plan estaba en pleno apogeo de sus facultades presidenciales. Hugo Chávez fue uno de los grandes promotores de este organismo. ¿Realmente vamos a pedir que estos sujetos sean observadores?

La Unión Europea quizás no le deba mucho a estos personajes, pero, a decir verdad, Europa nunca ha sido un gran ejemplo de lucha contra el estatismo que nos agobia en la actualidad.


Si bien las condiciones han sido otorgadas, ¿realmente te parece que mereció tanto esfuerzo pedir algo que concederían de igual manera?

¿Crees que los problemas se solucionarán yendo a una batalla que, desde un principio, ha sido acordado su resultado?

¿Votarás por los que han decretado que no estamos en una dictadura, que los muertos son fortuitos?

¿Votarás después de haber hecho que en muchos países se hablara de la dictadura en Venezuela?

¿Votarás por esos mismos actores que han demostrado que sólo quieren recibir un pago tras las grandes faltas durante su pasada gestión?

¿Votarás para que la gran cúpula que está en el poder pueda volver a decir: la participación fue de un 80% y ha ganado tal personaje con una tendencia irreversible, se ha demostrado una vez más que el sistema electoral es el más novedoso del mundo y que estamos en pleno auge democrático?


Piénsalo mejor.


Entre la relatividad del tiempo, la música bailable, el sonido de camiones, los toldos en esquinas, los cambios de peinados sobre el escenario, las camisas blancas, los discursos contradictorios y los “igual cobro”, se ha edificado el panorama electoral de un país que no ha visto más luz que la que emanan dos cuerpos, no por mérito, sino por los reflectores.

El ambiente se plaga de júbilo, esta vez sí que hay soluciones, las trae una nueva sonrisa en el rostro de algún candidato que sí cumplirá y que, claro, declara a todo pulmón sobre el escenario que no tiene intereses personales y que es un hombre (o mujer) de Dios.

Las lágrimas se resbalan por las mejillas de quien lo escucha, los pitos ensordecen todo alrededor, los corazones palpitan con fuerza, ahora sí ha llegado el salvador. El mesías político que todo lo sabe y que se promueve grabado en los pechos de aquellas camisas que reparten a montón. El discurso se alarga por petición unánime, la algarabía no cesa, se escuchan los gritos de quienes se adjudican cargos para cuando el mesías llegue al poder.

La voz que se esparce describe los problemas, todo lo que está mal, critica al gobierno de turno por su mala gestión y promete que él será mucho mejor. La multitud aplaude nuevamente porque sabe que esta vez no habrá ninguna duda, esta vez sí será así. Llega el día de la verdad, la gente acude en masa a los centros y en la noche anuncian tan esperado resultado: - ¡Ganamos! – Gritan todos al salir a la calle, como en año nuevo, a abrazarse entre vecinos.

Se elevan los cánticos, las ovaciones y el buen mesías empieza su faena. Años después (tiempo variante) las multitudes se vuelven a reunir en las calles, pero esta vez para alzar su voz en contra de aquel que prometió salvarlos. Represión y privación de libertad es la única promesa (tácita) cumplida. Las elecciones están nuevamente a la vuelta de la esquina y aparece otro mesías, el que esta vez sí va a acabar con la malicia de la humanidad, este sí no tiene intereses personales y va a dar todo por el pueblo, un demócrata e hijo de Dios.

Así se repite la historia, una y otra vez, cuando se trata de elegir a quien representará a los ciudadanos ante instituciones. ¿Por qué sucederá?

¿Será porque la política es sucia, como declaran muchos?

¿Será porque de verdad no hemos encontrado al candidato perfecto, ese que sólo piensa por y para el pueblo?

¿Será porque el poder cambia a las personas?

¿Será porque la culpa no es de los candidatos sino de los que le rodean, que impiden su trabajo?

¿O será porque no hemos sido lo suficientemente demócratas?

No, señores, nada de eso.

A ver si a estas alturas logran dar con algo que ha faltado en cada campaña.

¿Nada?

Pues bien, empecemos con cosas básicas. Los candidatos, a la hora de pedir votos, aplican el factor benefactor, empiezan a prometer comida, subsidios, juguetes, ropa y pare de contar, son la versión perfecta del tan querido Santa Claus. ¿Ajá, pero si no hacen eso, cómo ganarán votos? Sencillo, con propuestas. Propuestas concretas que busquen solucionar la causa de los problemas, no maquillar cifras como eso de subir los sueldos mínimos. ¿Por qué no esto último? Suben sueldos, reducen horas laborales, baja la producción de empresas, baja la rentabilidad de estas, no pueden cubrir los costos y vienen los despidos (esto por sólo mostrar un ejemplo).

Las propuestas son las bases en las que se debería asentar la elección de cualquier ciudadano por el candidato X, Y o Z. Así, si exigimos propuestas, evitamos las tan repetidas agendas de partidos que reciclan un mismo proyecto por los siglos de los siglos.

Otra cosa importante es exigir, de cada candidato, un currículo (sí, como cuando vamos a pedir u ofrecer un trabajo), porque así podemos observar y evaluar los méritos y la preparación que ha llevado a esa persona a optar por un cargo tan importante. Ninguna clínica contrata de cirujano a alguien que se ha graduado de contador, ¿o sí?, o a alguien que se dedica al aseo urbano (aunque ahora con el señor Ministro, nada se sabe).

Hemos cometido el grave error de votar por el color de las camisas, total no importa, lo importante es sacar al de turno. Se nos olvida lo difícil de una lucha para lograr hacer esto. Y así, entre votaciones y falacias, montamos a cuan estatista, autoritario y dictador se nos ponga en el camino.

¿Y cómo lo evitamos?

Aprendiendo que la política no es algo de lo cual puedas huir eternamente, por tanto, como ciudadano es necesario que te formes y te responsabilices de ti mismo. Una vez que eso ocurra no habrá mesías que pueda mentirte y podrás reconocer de inmediato que el proyecto que este promueve no es más que la ruina o el éxito de tus intereses.

Hay algo importante que debemos reconocer, jamás llegará la persona que va a optar por un cargo, como la presidencia, porque no tiene intereses personales (el que lo diga está mintiendo). Lo que hará la diferencia será el poder de cada ciudadano a reconocer que se interponen esos intereses violando los derechos de los demás.

Recuerden que no está mal ser egoístas, lo que está mal es hacer cumplir mi voluntad pisoteando a otro individuo.




La alarma me despertó a la hora pautada, miré la pantalla del móvil, eran las 3:00am. Me levanté un poco mareada por las escasas horas sin dormir, con aquella predisposición que se instala en mi mente cuando me toca repetir una historia vivida. Recordé lo que había hecho la noche anterior, al fin había logrado inscribirme en la página web del organismo, tras intentos fallidos y desvelos agotadores. Revisé los formularios antes de salir, aquellos que había impreso como última actividad nocturna y me dispuse a salir de casa, a la espera de algún taxista fiel a las madrugadas. Para cuando llegué al lugar ya había personas y un sujeto me tendió una hoja con una lista escrita en distintos matices de tinta, anoté mi nombre junto con un número al lado izquierdo. Se leía claramente el número 32. Miré a mi alrededor y suspiré, ¿hasta qué punto se debe llegar para recibir un papel oficial?

Pasadas las 8:00am se acerca una señora, portando una camisa roja como ornamentada al torso, pide la lista y empieza el juego de designación de números escritos en un papel que simula ser un ticket. Me hice notar entre la multitud cuando pronunció mi nombre y recibí lo esperado. Cerca de las 10:00am se empieza a correr el rumor de que el sistema no está funcionando, cesa la entrada de personas. Minutos antes de las 12:00pm salen, en desfile, personas en uniforme y cierran las puertas, es hora de almorzar. Anuncian, como quien no tiene más remedio, que, en efecto, el sistema está caído y es poco probable que vuelva en la tarde, pero que pueden esperar sin problema.

El estómago empieza a sentir los estragos, pero me mantengo de pie a la espera de que se reanude la jornada. Pasadas las 3:00pm pude entrar, sonrío con la poca amabilidad que me queda y me siento frente al escritorio asignado. Entrego la planilla, me la reciben y es sometida al escrutinio de esos ojos calculadores.

-Falta un sello- Anunció –Te lo ponen en el edificio de al lado- Miró su reloj impaciente –Ya a esta hora no creo que te atiendan, vuelve mañana tempranito para que te sellen la planilla y después vienes-

-¿Puedo pasar directo cuando vuelva?- Pregunto entre resignada y colérica.

-No, debes volverte a anotar, así como has hecho hoy-

-Perfecto, gracias- Digo en el tono más sarcástico que sale de mí.

En efecto tuve que cumplir lo exigido por ambos organismos. Así que, pasada una larga semana sin comer bien y tras horas de sueño perdidas, pude dar por concluida la faena.


En muy probable que si viven en Venezuela te hayas sentido plenamente identificado con lo anterior, porque en el país de lo posible la burocracia es tan enorme que vive con cada uno de nosotros, porque para todo se necesita la autorización del Estado, porque nos controlan tanto que para cada paso se les debe notificar.

Cada traba que implementan sólo acrecienta la corrupción y el desánimo de la población, y como nunca funciona ninguna medida se les ocurre la “espléndida” idea de crear más controles. Es una espiral viciosa en donde unos pocos obtienen beneficios, para salir en cadena nacional a culpar a los otros de sus errores.

Ponen en marcha métodos de la antigüedad que la historia ha demostrado que no funcionan y no hay posibilidad que cambiando de rostro puedan dar resultados diferentes. Para detener todo esto se necesita de algo que ellos no conocen: libertad.

Los dictadores oxidados, olvidados en el tiempo, con sus sonrisas congeladas y sus discursos de guerras fantasmas, siempre inventan algún motivo para desviar la atención de la población, repartiendo controles como insultos, porque en eso se basa ese sistema, en el terror y la desmotivación. A estos sólo les interesa coaccionar la libertad individual para así poder hacerlos dependientes y obligarlos a cumplir sus deseos.


¿Seguirás siendo parte del sistema o prefieres recuperar tu dignidad?


Este debería ser el nombre del acuerdo que ha manchado la política de Venezuela. Se han lavado las manos con las papeletas de electores que pusieron sus esperanzas en la cara de quien, incluso antes de ser electo, les traicionaría. Legitimando al sujeto que millones de personas desconocieron como representante de una nación, sólo para asegurar su estadía en una butaca a la que faltaría lo suficiente para justificar su despido. Este fructífero acuerdo ha dejado en evidencia la poca conciencia presente en los que, en la actualidad, representan las figuras políticas televisadas. Una conciencia que no ha hecho más que pedir a los ciudadanos que voten masivamente, porque algún día será suficiente la amplia diferencia contra el adversario.

¿No te parece irrespetuoso asegurar el puesto de trabajo de aquellos que duermen en medio de sesiones parlamentarias? ¿Por qué nunca se esfuerzan en pedir auditorías cuando hay elecciones, pero gritan a todo pulmón un fraude previsible? ¿Por qué frenar iniciativas diferentes a las partidarias? ¿Es que ellos son los únicos que deben tener voz en el espectro político?

Desde hace años se ha demostrado la razón por la que las derrotas se repiten una y otra vez, aun teniendo mayoría de votos.

En primer lugar se encuentra la basta investigación hecha por Ludwig Moreno (@NOmasCNE), sobre un colorido personaje. El adjetivo se adjudica a la capacidad que tiene de camuflarse a la conveniencia del mayor postor. Este personaje lleva por nombre Félix Arroyo (@fcarroyo), se ha paseado por las más variantes organizaciones con el propósito de afianzar en el poder su fuente de sustento, apoyando a un sistema que públicamente dice confrontar. Esta es la mente maestra de las máquinas electorales SmartMatic. Todo ello, se encuentra reflejado en un informe bien argumentado.

Ahora remontémonos en un acontecimiento un tanto más reciente, la llamada acta de la traición. Donde se asienta la cantidad de 1.513.164 electores sin huella dactilar habilitados para votar. Cantidad que según Vicente Bello no encuentra objeción alguna y expresa su constancia de la transparencia del acto, estampando su firma en ella. 

¿Quién es Vicente Bello?

Vicente Bello (@VicenteBello) es, actualmente, el representante de la MUD ante el CNE. Pero, antes de tan “honorable” cargo, fue diputado del MAS, reelecto por el partido MVR (donde militaba con Cilia Flores, Nicolás Maduro, entre otros personajes), desprestigió al CNE pero llamó a votar, al año siguiente favoreció al CNE y lo sigue haciendo hasta ahora. Por lo que la mejor opción prevista por este señor y sus secuaces es llamar a votar de forma masiva.

Bien, remontémonos a las pasadas elecciones parlamentarias, ¿qué sucedió?, ¿no ganó la MUD con una evidente mayoría?, ¿entonces por qué fue diferente al momento de ocupar el curul?

Por una operación sencilla llamada Gerrymandering, que consiste en aglutinar en circuitos la masa de electores. A esto se le unen, por si fuera poco, todas las violaciones cometidas al proceso electoral, como los registros en duplicidad, los muertos habilitados, la tinta no indeleble y la ineficiente estructura usada para cubrir la máquina de votación (entre otras tantas que me he saltado para no hacer una lista interminable).

Ahora, si el proceso está lleno de corrupción, los mediadores están parcializados y los candidatos al tanto de todo esto, ¿qué se puede hacer?

Hay una propuesta naciente que lleva por nombre Salva tu voto (#SalvaTuVoto), que propone abstenerse a apoyar a un sistema que está corroído, por el principio de no contribuir a legitimar a un ciudadano que fue rechazado con tanto fervor durante los dos años que ha sido su mandato, como tampoco legitimar a aquellos que no dudaron en proclamar "yo lo reconozco" cuando vieron sus intereses afectados.

#SalvaTuVoto no termina con la abstención, sino con el desconocimiento masivo a este régimen autoritario que ha disparado a mansalva a todos los que no piensan según su lineamiento. Es decirles a todos que no avalas que esto ocurra, mediante una manifestación de tu malestar a todo el país.

¿Qué gano con eso?

Anunciarle a este cogobierno (acuerdo entre régimen y oposición) que no estamos de acuerdo con las medidas que oprimen nuestra libertad. Es dejar en evidencia el descontento de este proyecto que nos ha llevado a la miseria. Ridiculizar a todos los que le dieron la espalda a una lucha ardua que se gestó con personas llenas de esperanzas. Es el propósito de rescatar el valor del voto, a fin de no votar por votar, sino abstenerse para no adecuar una dictadura a su, bien conocida, careta democrática.




¿Para qué estudiar si en la economía informal gano más?

Esta interrogante es el claro reflejo del pensamiento predominante de la población, donde la adquisición de conocimientos y el trabajo parecen estar a años luz de distancia. Y es que, ¿quién no ha escuchado alguna vez esta premisa? Hemos sido víctimas de la desmotivación, generada por las pocas oportunidades de empleo en el área que desempeñamos, en contraposición con el afianzamiento del mercado informal. Romper los esquemas impuestos por las cadenas de las creencias sociales y superar los objetivos propuestos, a fin de buscar la mejoría de vida. En eso se basa el esfuerzo, y el valor recibido a cambio, en grado proporcional, es el resultado de la meritocracia.

Fluir en dirección a la corriente no te hace merecedor de la recompensa que cosechará el que ha nadado contra ella para llegar a la orilla. Capacitarnos para hacer frente a las necesidades del país es una proeza que será recompensada con el crecimiento personal, para luego, al lograr superar la crisis, reflejarse de igual forma en nuestras billeteras. El camino fácil no es el camino al éxito, este requiere trabajo y dedicación.



Debido a la crisis se ha acrecentado la economía informal, muchas personas han dejado su trabajo para ir a vender aquello que se tardan horas de colas en conseguir. Pero, ¿qué sucederá con estas personas cuando se acabe la crisis?, ¿seguirá siendo tan necesaria su labor?, ¿o, por el contrario, serían más útiles en el puesto de trabajo que prefirieron abandonar? Estas son las preguntas que debemos hacernos al momento de tomar una decisión de esta magnitud, al final, todas las crisis son pasajeras, ninguna se arraiga lo suficiente para perdurar en la eternidad.

Entonces, cuando te plantees cualquiera de estas posibilidades, piensa en el futuro más allá de las condiciones presentes, pues así como ha cambiado nuestro pasado y se ha presentado ante nosotras esta actualidad, cambiará nuestra actualidad para convertirse en un futuro donde seremos, o no, partícipes de desarrollo. La opción está en nuestras manos y las capacidades se hacen visibles. Desertar antes de luchar un round te dejará el sabor amargo del ¿qué hubiese pasado si…?

La meritocracia se encuentra en terapia intensiva y su tratamiento ha constado de suero para tratar de burlar su dolencia. ¿Le empezaremos a proveer la medicina que verdaderamente requiere?


Revisando entre papeles de un cajón, se coló entre mis manos la historia que hoy vengo a compartir con ustedes. Una historia que captó mi atención por una simple palabra que, aunque se pronuncia con facilidad, muchas veces cuesta más de lo que parece. La historia enmarca la opinión de un ciudadano de nuestro país. Fue escrita bajo los sucesos que detonaron una herida bastante amplia, todavía punzante, en el corazón de todos nosotros. Fue escrita luego del 11 de abril de 2002.

No es de mi autoría. La he rescatado del olvido. Sigue siendo vigente y lo será siempre. Aunque las cosas pasen, nuestra memoria nos recuerda lo que un día fue.

Sin más, aquí la tienen:

Libertad

En un tiempo lejano vi a mis amigos, a mis vecinos, a conocidos y extraños, morir bajo el puñal o el rifle del odio efervescente del buen revolucionario. Los vi caer uno a uno por pensar diferente, los vi ser golpeados y luego llevados a la cárcel. Los vi ser asesinados al clamor del pueblo revolucionario. A uno de ellos pude ver yo a los ojos.

Yo sigo aquí, soy revolucionaria. Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Hoy hemos ganado, ha salido victoriosa nuestra revolución. Era soltera entonces. Hoy he formado un hogar y tuve un hijo precioso. Han pasado muchos años desde entonces, mi hijo ha crecido y ha empezado a cuestionarse ciertas cosas, no hace más que hablar de libertad. Hablo con él y le digo que vivimos en libertad, pero él no entiende y habla de una libertad que yo no comprendo. Pero si ha sido por la libertad que luché hace años y él me sigue diciendo que quiere ver libre a su país del autoritarismo y de la injusticia. ¿Cuál autoritarismo?, ¡tener más libertad de la que poseemos es imposible! Exige más justicia de la que hay. Trato, pero no puedo entenderlo.

Una noche salió de casa y se despidió de una manera distinta. Pasaron tres días, no volvió. Mi corazón se aceleraba a cada momento, estaba preocupada. Pero un día se corrió la voz de que habían encarcelado antirrevolucionarios. ¿Cuándo aprenderán?, me pregunté. Fui a la plaza a ver qué ocurría. No pude evitar que la sorpresa paralizara mi cuerpo al darme cuenta lo que veían mis ojos.

Era mi hijo el que yacía de rodillas frente a la plaza, exhibido como un criminal. En su rostro, hinchado por los golpes, fluía la sangre que manchaba el parqué.

-Este- Gritaba nuestro buen revolucionario, nuestro presidente –Es uno de nuestros mayores enemigos, esos que se han enfrentado a nosotros durante años, un traidor a la patria, a la nación, al pueblo. Por eso he venido hoy hasta aquí, quiero pedirle a ustedes, el pueblo, que dicten su sentencia-

-Muerte- Se oyó al unísono, como clamor popular –Muerte- Resonaba en mis oídos.
Mis ojos enfocaron el rostro de mi hijo. Estaba inmóvil, mi corazón se estremecía, mis manos temblorosas abrigaban mi pecho.

-Muerte- Volví a oír.

Miré a mi alrededor y vi caras conocidas gritando lo mismo. No sé en qué momento empecé a correr, empujando a las personas que se encontraban a mi alrededor. Mis lágrimas se deslizaban por mi rostro. No sentía, lo único que se repetía en mi cabeza era: ¿Por qué?

Seguí corriendo entre la multitud, sin quitar, ni un momento, la mirada del rostro de mi hijo. Seguía corriendo cuando escuché un estruendo. Eran las balas que atravesaron a mi pequeño. Él seguía de inmóvil a pesar de los continuos disparos. Cuando logré llegar habían dejado de disparar.

-No ha caído, pero ese ya está muerto- Fueron las palabras de un militar.

Al llegar, él se derrumbó en mis brazos, como si me hubiese estado esperando. Caí sentada en el suelo. Mi hijo yacía casi sin vida. No pudo pronunciar una sola palabra, pero a través de sus ojos pude saber lo que me quería decir.

Cuando iba corriendo hacia él, recodaba el día que supe que sería madre, la felicidad que sentí con sus primeras pataditas, el dolor que sentí al traerlo al mundo, sus primeras palabras, el regocijo de sus primeros pasos, la ternura de tenerlo entre mis brazos, el escuchar decir por primera vez mamá.

Hoy nuevamente estás entre mis brazos, hijo querido. Mis brazos que te abrigan del frío de la muerte, mis lágrimas limpian la sangre de tu rostro. Te has quedado dormido, como tantas veces de pequeño, en mi regazo. Sólo que esta vez se me ahoga el corazón porque no despertarás.

Ha pasado un mes desde tu muerte, hijo. Estoy aquí, en tu cuarto, mirando tus fotos, recordando todo lo que significó tenerte en mi vida. Sólo hoy he podido comprenderlo, tu última mirada trajo a mí los rostros que quedaron marcados en mi memoria. Aquellos que observé tras el primer fusilamiento, ese donde fui espectadora antes de tu nacimiento. Nunca había podido entender aquella mirada que emitían sus rostros. No hasta que lo vi en el tuyo.

¡Qué tarde he comprendido y qué caro me ha costado entender! El silencio no es bueno cuando tienes algo que decir. Que vale más un día de libertad que cincuenta años en silencio y represión.


¡Qué caro me ha costado entender la palabra libertad!






















El sistema populista es como un manual de instrucciones, una receta prescrita que ha evolucionado con el pasar del tiempo, naciendo en teorías remotas asentadas en mentalidades carentes de imaginación, hasta convertirse en el efecto práctico de una Europa colonizada por la hambruna, desesperanza y desolación; para luego migrar a una Latinoamérica sentimentalista y oprimida por la difamación de un omnipotente sentido de explotación. Por lo que se ha creado, tanto en la teoría como en la práctica, un patrón distintivo y que resulta provechoso aplicar si lo que se quiere es sentarse eternamente en la suave seda de la silla presidencial. Es como una mala novela, con un mal escritor y tiene los peores actores.

Empezamos con las condiciones idóneas para que el Sacrosanto Salvador aparezca: un país en crisis, ya sea económica, social o ideológica (resulta irrelevante para este sistema). Seguidamente se nos presenta el ingrediente principal, sin el que nada de esto es posible, que no es más que un individuo carismático, elocuente, de origen humilde y con una retórica de clamor popular (acrecentando la división de clases). Tampoco puede faltar una gran masa de individuos carentes de esperanzas y desilusionados de las propuestas anteriores, que no cree tener las capacidades para salir de la crisis.

El individuo logra colmar el corazón de las masas con un proyecto que advenga la repartición de riquezas equitativamente y desprecie la inversión extranjera al considerarla una amenaza para la soberanía. Todo ello, avalado por un partido político emergente. Es entonces cuando se hace presente el asentamiento de un discurso Nacionalista, la promesa de erradicar la pobreza (componiendo esta su mayor población) y la tendencia de agravar la desconfianza en las leyes del Estado.

Es fundamental alimentar el ego de este individuo que ha llegado a salvar a su Nación de toda la opresión. Por tanto, precisa de una comisión de aduladores que eleven su figura y la atención irresistible de los medios que le permiten difundir su mensaje (para entonces los considera como una apertura de espacios para su retórica).

Su entrada al poder (por voto o golpe), es apoyada por el clamor “popular”. Por lo que su próximo paso no es más que “legitimar” su pensamiento, a través de la propuesta de una nueva carta magna que “anulen” las “injusticias” del pasado, seguida de la, inevitable, petición de adjudicar el poder de la asamblea a un único proyecto (el del él, por supuesto). Eso deriva a la aprobación de leyes partidistas por mayoría de votos.

Ahora bien, si ya ha ejecutado la primera fase de su proyecto, ¿por qué no seguir? Entonces ha llegado la hora de hacer lo que ha propuesto, repartir la riqueza, eso sí, mediante el incremento de subsidios y acuerdos “bilaterales” que sólo dejan deudas a la Nación que gerencia. Muy bien, ahora podemos tachar eso de la lista, ¿qué sigue?: El apogeo de controles para “hacer cumplir” las leyes adjuntas y la creación de “comisiones populares” para “garantizar” la participación del “pueblo”.

Ha llegado el momento de agregar una pizca (si se le va el tarro, mejor) de culpa a las empresas privadas por el fallo en la economía y el mercado (lo cual no han podido ni mejorar ni evitar). Resulta ahora que es preciso repudiar a los medios de comunicación que abren espacios para las opiniones adversas (que empiezan a hacer acto de presencia), por lo que se crea una ley que regule el contenido de estos.

El individuo carismático y afable empieza a manifestar su desdeño hacia las persona que piden un cambio. Lo que resulta en la supremacía del discurso represivo contra aquellos que critican su proyecto, que es de una obligatoria cobertura mediática. Declara que las opiniones adversas no son más que infundadas bajo un propósito desestabilizador y para combatirlo crea regulaciones en el mercado por la caída de la economía (de la cuál es culpable su oposición).

Se acentúa la pobreza, puesto que no le resulta favorable erradicarla (¡cómo les gusta esa palabra!), ya que es su fuente inagotable de sustento. Centran su atención en presionar a la empresa privada (que aún sobrevive) para que produzca más por menos.

Y entonces empieza lo inevitable: corrupción, un estallido social, crisis, estancamiento económico, protestas, muertes, más control, más crisis, más desconfianza y desilusión.

Al final nos encontramos en una encrucijada:

O la masa de individuos propone una solución, o se sientan a esperar al próximo caudillo.

Este proyecto debería tener en su manual de instrucciones lo siguiente: Recorte siguiendo la línea y pegue en cualquier parte del mundo si quiere que su país entre en crisis.

Autor: Oscar Olivares
Es sencillo inquirir en el terrible error de identificar, como conglomerado, una serie de aspectos que, aunque convergen, son distintos entre sí. Estos aspectos no son más que los referentes a Nación, Estado, Gobierno y Partido, los cuales poseen características y funciones únicas.

Es importante, a la hora de expresar nuestra opinión sobre el proceder político, distinguir de manera categórica estos elementos, ya que afianza nuestra capacidad de explicar lo que queremos decir desde una perspectiva más clara y concisa. Como pueblo, hemos tropezado con la piedra que nos han puesto en el camino en más de una ocasión, por la simpleza de no poder reconocerla. Es por esto, que se precisa iniciar con la distinción de sus diferencias.

Primeramente, se hace fundamental catalogar lo que representa la Nación. La Nación eres tú, son los que te rodean. Son las costumbres, apegos, idiomas, festejos, música y valores, tan diversos y tan únicos que nos identifican como país. Es la consciencia de nuestra historia y el aprecio por nuestro presente. Es nuestro suelo y su fertilidad, son nuestras instituciones pero no el poder sobre ellas.

Luego tenemos al Estado, un término tan confundido con el anterior y con el que le seguirá, es uno de los más difíciles de diferenciar y nos ha costado tanto en ocasiones. El Estado se compone de los órganos que hemos dispuesto para velar y proteger la soberanía de la Nación, a fin de que sus individuos encuentren la tranquilidad añorada. Son las leyes, la justicia y el poder, que deben, sin incurrir en intereses personales, garantizar la seguridad de los ciudadanos. Es el eslabón más frágil, puesto que se vuelve peligroso cuando se pierde en el ejercicio del principio para el que fue creado. Es el administrador crucial de la política, leyes y justicia dentro de un país.

Seguidamente tenemos el término tan añorado y despreciado por las poblaciones: Gobierno. El Gobierno es, tan sólo, una pequeña parte del Estado, un tercio de su composición. En él radica la responsabilidad esencial del ejercicio del poder. Se compone de un conjunto de individuos, con capacidades distintas en materia política, que deben velar por la planificación estratégica del país. Es la cara de las personalidades que, para bien o para mal, escogemos mediante el sufragio. Son un eslabón en el devenir de la Nación, pero jamás podrán componerla ni caracterizarla en su totalidad.

Finalmente llegamos al término que, quizás, mejor distinguimos: Partido. Un partido no es más que una organización que agrupa individuos simpatizantes de una causa en particular, donde se establecen proyectos y objetivos comunes. Estos últimos son la propuesta que llevarán, los individuos que le representan, como identificación para presentar ante los ciudadanos destinados a decidir si darle, o no, la oportunidad de llevarlo a cabo.


Dejemos de confundir términos, es hora de llamar a cada cual por su nombre.